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01/12/2011
LA CLASE MEDIA NO VA AL PARAÍSO…
Siempre se dijo y se aseguró que la Argentina era el país con menos desigualdades de América Latina porque tenía una «clase media» fuerte. Pero esto es una verdad relativa, porque ese segmento social al que pertenece, o perteneció gran parte de la población, sólo «vio la luz», cuando comenzaron a construirse movimientos políticos, sociales y económicos a través de una clase obrera organizada.
Hasta ese entonces la «elite» dominante había pergeñado un país a su imagen y semejanza, con todas las desigualdades en favor de una clase oligárquica. Fueron el Radicalismo y el Justicialismo quienes posibilitaron a través de las conquistas sociales que ese segmento poblacional constituido por nativos e inmigrantes y sus descendientes la posibilidad de acceder a la educación pública, que fue la gran cantera de los distintos pensamientos, que se expresaron a través de los partidos políticos que le dieron representatividad.
Eso pasó porque hasta ese entonces el Estado estaba «ausente» en lo que se refiere a darle contención a todos los estamentos sociales de una comunidad demasiado diferenciada entre sí. Y fue la «clase media» que dio durante las décadas de los 50, 60 y 70 los mejores hombres, que la hizo merecedora de ser la sociedad más igualitaria de toda América Latina.
Pero luego el «huracán» de la historia hizo que sus mejores valores fueran diezmados por las distintas dictaduras, y en esa «saga» se perdieron a sus hombres más brillantes ya sea por el exilio forzoso, o por la eliminación simple de sus integrantes. A pesar de ello y de haber quedado diezmada, comenzó a tomar un protagonismo social y político bastante confuso. Primero, durante la predictadura, porque fue reproductora de una ideología que finalmente iba a mostrarse como constructora de la sociedad con el menemismo, con una anticultura nacional y cómplice de la enajenación del país.
Y porque le dio ese matiz de credibilidad a un modelo de país que necesitaba ese respaldo para ocultar y favorecer esa política antinacional y privatista que a través de la seducción del plan de convertibilidad le permitió ilusionarse de que la riqueza estaba ahí nomás al alcance de la mano, si bastaba con solo endeudarse para cumplir cualquier sueño. Pero esos espejitos de colores iban a durar hasta el 2001, ya que la crisis fenomenal de esa época tuvo su modelo de continuidad con el gobierno de De la Rúa como prolongación de la ola neoliberal que bajaba de los grandes centros de poder económico.
Por eso digo que la «clase media» no fue culpable de esas crisis, pero si fue responsable de acompañar en la dinámica de esos movimientos depredadores de la sociedad. Todo ese proceso ayudó a restablecer la ideología de la restauración conservadora del neoliberalismo. Por supuesto esto es en términos generales, porque las generalizaciones siempre conducen a un error de percepción de la realidad. Y ahora, ante la ausencia de una burguesía verdaderamente nacional, que se ha transformado en una clase especuladora, rentística y desertora de su papel social, la clase media argentina se encuentra en un estado de disgregación social, sin referentes morales y sin cuota de grandeza.
La famosa «clase media» argentina es lo que no quiere «ser», no quiere ser clase media porque quiere ser «clase alta», pero tampoco es lo que no quiere ser, que es clase baja. Después de haber vivido en la cultura del «derroche», le tiene terror a ser pobre. O sea a vivir con menos recursos. Y eso la vuelve asustadiza, temerosa, con actitudes tendientes al fascismo. Todo avance de «lo popular», la angustia. Es una clase muy insolidaria. Le molesta que el Estado sea distributivo. Por un lado quiere ver crecer al país. Por el otro pagar menos impuestos. Y por último ha sufrido la «colonización mental» de los medios de comunicación. No ha podido sustraerse a la deformación cultural que le ha quitado sentido a la existencia. Privilegia el tener al «ser» y cuando no lo logra, va corriendo al analista para que le resuelva su conflicto irresuelto de felicidad insatisfecha. Por eso creo que la famosa clase media argentina, en este mundo conflictuado, por ahora no va al paraíso.
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