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28/09/2011
EL VOTO DE LOS CIUDADANOS GRISES

Dadas las condiciones de gran "volatilidad" del pensamiento político se presume que el voto haya dejado de ser "cautivo". Pero esto no significa que sea absolutamente libre, porque hay multitud de factores que lo condicionan. Y esto es porque no entramos precisamente en una era de voto emancipado, diáfano, transparente y razonado fruto de una conciencia libre, clara y distinta.
Porque en realidad, ocurre lo contrario en todas las grandes jornadas electorales en todas las naciones en que está vigente el clásico mecanismo de las compulsas electorales heredadas de las grandes revoluciones democráticas de los siglos anteriores. Podemos decir entonces, aunque sea una comprobación amarga, que en el voto, la parte realmente alcanzada por la deliberación personal autónoma es un residuo menor, que queda luego de que actúen poderosos e implícitos condicionamientos.
Se pueden retener algunos de los hechos que capturan invariablemente la voluntad de un cuerpo electoral: los financiamientos de campañas, los estilos promovidos por los medios de comunicación, las agencias encuestadoras como orientadoras de tendencias, las narrativas publicitarias altamente sofisticada, los procedimientos calculados que generan polarización y por último los efectos de una ciudadanía opaca, oscura, la del ciudadano "gris".
Estas dimensiones no inhiben el ejercicio del voto ni le quitan sustancia democrática, solo que reproducen la historia reciente: se elige explícitamente sobre la base de lo que implícitamente ya está elegido. Elegir es una actualización de creencias sumergidas que pueden o no ser exhibidas para un examen de las urnas. Y esto es así porque la igualdad ante la Ley, que nos hace ciudadanos, se ejerce en un terreno de desigualdades reales de usufructos, poderes, disponibilidades y posesiones.
El ciudadano "gris" es el ciudadano real de nuestra civilización política: es decir el voto se ejerce con una porción de lo que sabe de si, más otra porción de lo que no sabe de sí.
Todo el escenario de actuación electoral está presentado para dejar sentada la idea de que los hombres son libres, pero esa libertad se ejerce en un mundo de intereses heterogéneos e indescifrables. Lo que llamamos democracia es la permanente contraposición entre su permanente ideal de un voto incondicionado, actuado y guiado por la conciencia libre y la realidad de múltiples coerciones. Quizás sea esta una falla de la democracia. No puede ser que el voto sea una "ingenuidad" cívica de no saber que ocurrió antes. Es que entre ese "antes" que ocurre en la desmemoria del ciudadano compuesto de creencias, emotividades, miedos y ambiciones y la emisión del voto ideológico se configura el ciudadano realmente existente. El ciudadano opaco, el ciudadano "gris" de las democracias. Este desequilibrio permanente en el interior profundo de las democracias origina el inagotable debate sobre las imperfecciones de la representación política. Estas imperfecciones son reemplazas y ocultas por la movilización y las formas de participación por adhesión ideológica.
Lo ideal sería que los sistemas de representación del voto surgieran de la conciencia traslúcida, o de la visión estratégica de la historia, aunque mas no sea reciente. Pero como esto no9 es así, las sociedades se constituyen finalmente en un estado deliberativo con grados más o menos explícitos de conciencia acerca del hecho en sí. Muchos ciudadanos" grises" cantan loas a su presunta autodeterminación abstracta que no lo es tal, sino que ocurre bajo formas superficiales de libertad.
En la dimensión del voto nunca está claro cómo se compone el conocimiento que los individuos y grupos mantienen entre sí. ¿Qué parte pertenece a la libertad de decisión que parte lo brutaliza invisiblemente? Pero nunca habrá una respuesta satisfactoria por el mero hecho de que en el medio están las "campañas políticas". En términos contemporáneos, o sea en medio de la sociedad dominada por los medios de comunicación y la drástica opacidad de la ciudadanía, un "campaña" es el lugar de la lucha por conquistar ese conocimiento.
Es un debate por la libertad de decisión, pero como se equivocan tanto los que piensan que no puede resolverse por la herencia clásica de los utopismos democráticos, como los que votan a través de la rutina de pertenecía ideológica creyendo que ejerce una vida política emancipada.
Hay que distinguir una cosa: los intérpretes republicanos de la autonomía del voto, parten del poder de la definición de la igualdad ante la ley, y los más democráticos del sistema proponen como igualar las posibilidades de todos los partidos con una legislación sobre los aportes económicos que sostienen hasta en forma encubierta los procesos electorales.
Pero esta complejidad aparente de la decisión no quiere decir que el voto no decida. Por eso no es posible afirmar ingenuamente que se rompió el "cautiverio" de los votantes fijos, sino que hay un cautiverio más invisible, no populista ni caudillista sino comunicacional. Este se expresa en formas sutiles que son aceptadas sin más por muchos emancipadores del voto. Por eso puede haber "vuelcos" y sorpresas electorales respecto a las grandes inversiones financieras que buscan "fabricar" votos. Es que todo inversor capitalista en el mercado electoral sabe que no hay correlación fija o totalmente previsible, entre situación social y voto, entre inversión económica coactiva y voto.
En los últimos tiempos se le intentó poner nombres descifradores al voto, en la dramática tentativa para definir en qué momento de la conciencia social estábamos: por ej. "voto licuadora", "voto cuota" "voto miedo", voto castigo etc. Esta es la más antigua de las discusiones sobre el pensamiento colectivo y político.
Otro enigma que se enfrenta le "ciudadano gris" es el "cuarto oscuro!, que es una denominación extraña, herencia de la terminología de la ilustración, respecto que los ojos del Rey, del Estado, la Policía o el Caudillo allí no vigila. Por último podemos decir que el voto es un "don". Es decir en primer lugar es un acto libre que se hace como un ofrecimiento que apela a vales trascendentales de soberanía personal. Hay en él una materia impalpable que se mide en términos de conciencia social y política. Podríamos llamarlo a esa materia voto de las conciencias libres. Pero no lo descubriremos si el "ciudadano gris", se somete a las leyes del "mercado" político que le anule el razonamiento puro.
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