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28/05/2011
EL CORDOBAZO: PUNTO DE INFLEXIÓN…
Hace ya más de cuatro décadas fui un protagonista minúsculo de un hecho social y político que cambió el rumbo y el destino de nuestro país. Cuando uno relata acontecimientos históricos es necesario reconocer que la objetividad no existe. La historia está cruzada por la subjetividad de los protagonistas y de los que la vieron. Lo que si debe existir es la honestidad intelectual a la hora de conceptualizar los acontecimientos para una mejor comprensión.
A través del tiempo hubo quienes establecieron un vínculo del «Cordobazo» con el Mayo Francés de 1968. La rebelión contestataria del «Mayo Francés», fue un intento desde un espacio civil intermedio llámense Estudiantes, clase media burguesa, de romper la presión asfixiante de un espacio familiar y un espacio político claramente conservador y retardatario que empezaban a ser un obstáculo para el desarrollo de las sociedades modernas.
Europa y EE.UU. vivían la época de prosperidad de la post-guerra y los jóvenes querían pensar en algo más que en su subsistencia. Los gobiernos no se daban cuenta que la sociedad cambiaba, las Universidades crecían y se masificaban y el choque entre los estudiantes y la juventud y el viejo orden era inevitable. Occidente estaba atrapado por las ideas liberales del consumismo como meta primera y última de la vida. Pero tanto en la política como en las sociedades, nada es para siempre.
Los estudiantes buscaban crear espacios libres para romper la moral dominante. Y el barrio latino de París era un territorio «libre» en el cada cual se pudiera expresar como quisiera. Su mensaje era el de antiautoritarismo. Por supuesto con un discurso anticapitalista teniendo en cuenta los tiempos de la «guerra fría» que se vivía.
Los jóvenes parisinos, los norteamericanos, como otros en otras latitudes. Por eso la rebelión de 1968 fue el inicio de una «revolución cultural» que terminaría en 1989 con la caída del muro de Berlín. Pero jamás esa «rebelión» tuvo un ánimo destituyente del poder político. Eso debe quedar claro.
La diferencia con el Cordobazo estriba que en nuestro país venía signado por tres años de una dictadura, la de Onganía, en la cual se habían conculcado todas las reivindicaciones laborales, sociales, educativas, etc., que asfixiaron a una sociedad que toleraba pero no compartía la rigidez de un régimen corporativista apoyado por la cúpula mayor del Clero, a pesar de los sacerdotes del tercer mundo.
El gobierno militar con su política de censura a la prensa, de control de la vida cotidiana y de brutal intervención a las Universidades «la noche de los bastones largos» había tensado la cuerda social al máximo. Ya en 1966 en una manifestación estudiantil había muerto un estudiante, Santiago Pampillon, lo que desató una reacción en cadena en todas las Universidades del país.
Ya en marzo de 1969 la lucha estudiantil volvió a recobrar fuerza en Corrientes donde fue asesinado el estudiante Juan José Cabral por una protesta por la privatización de los comedores universitarios.
Luego las protestas se extendieron a otras ciudades como Tucumán, Rosario, Mendoza y es en Córdoba donde se desarrollan los más trascendentes acontecimientos que culminaron el 29 de mayo, con el ya famoso e histórico Cordobazo. Todos sabíamos que iba a pasar «algo».
Había algo así como un sentido de «inminencia». El 26 de mayo las dos C.G.T. dispusieron un paro nacional para el día 30 mientras las dos «regionales» cordobesas más combativas las dispusieron para el día 29. El gobierno amenazó con recurrir a las Fuerzas Armadas.
 
El jueves 29 de mayo comenzó en Córdoba el paro activo de 32 horas. A las 11 de la mañana, las columnas de trabajadores partieron hacia la C.G.T. Venían las columnas desde las fábricas en la periferia de la ciudad. A medida que avanzaba las columnas se engrosaban con estudiantes y vecinos. Todo se realiza en forma pacífica. No había el más mínimo afán de crear disturbios, ni violencia armada. Pero cuando una columna llegó al Boulevard San Juan y la famosa «Cañada» fue repelida cobardemente por la policía y cae herido de muerte el obrero e IKA-Renault Máximo Mena.
Esto precipitó los hechos y la voz se corrió inmediatamente y los manifestantes prácticamente «tomaron» la ciudad. En el Barrio Clínicas, absolutamente habitado por estudiantes, se lo cerró a la altura de la Plaza Colón, y alguien escribió la famosa frase en las paredes de la Maternidad: «Barrio Clínicas, único territorio libre de América».
A la noche se cortaba la luz y la policía no pudo romper el cerco y tuvo que replegarse. Mientras tanto los disturbios proseguían en toda la ciudad. El Gobierno Nacional envió las tropas del III Cuerpo de Ejército y ahí sí la correlación de fuerzas hizo que el estudiantado y los obreros fueron cediendo posiciones. Si bien el gobierno repuso el orden alterado, el futuro siguiente ya no fue lo mismo. La dictadura de Onganía quedó herida de muerte. El dictador perdió consenso entre sus pares y luego fue destituido.
Muchos han querido ver este Mayo Cordobés como decía al principio, como una continuidad revolucionaria de la masa proletaria. Para nada. El Mayo Francés fue un movimiento juvenil burgués clasista. El Mayo Cordobés supuso un fenómeno único en América Latina, que fue la unión espontánea de los obreros, los estudiantes y el pueblo en general en una simbiosis con distinto componente ideológico pero con un objetivo común: la lucha contra la dictadura militar.
No quiero olvidar de los grandes arquitectos y líderes de esta gesta como Agustín Tosco (el más grande gremialista honesto que he conocido), Atilio López (asesinado luego por la Triple A) y Elpidio Torres.
El Cordobazo fue el producto de una generación formada en un vertiginoso proceso de modernización social y cultural la que se rebeló contra un sistema caduco de conservadurismo que había posibilitado el retraso de nuestro país. Lamentablemente después la historia política de nuestro país repitió errores que llevaron luego a la mayor tragedia en casi doscientos años. Los años de plomo de los 80. Pero eso ya es otra historia. Hasta pronto.
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