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INTERÉS GENERAL
ESTAMOS COMO ESTAMOS PORQUE SOMOS COMO SOMOS
Uno de los interrogantes más profundos en la historia político-económica del siglo XX ha sido y es, por qué la Argentina con todos los recursos naturales y humanos, que prometía un futuro brillante allá por el 1900, entró en el siglo XXI como una de las zonas del planeta más golpeadas por el hambre, la pobreza y la exclusión social.
Más inexplicable aún teniendo en cuenta que hasta 1976 había sido una de las sociedades más armónicas de América Latina, con el índice de analfabetización más bajo de la región y un nivel de participación de los trabajadores en el PBI que había llegado a bordear al 50%.
¿Cuáles fueron entonces las causas que llevaron a esta situación? Uno de los grandes problemas originarios de la Argentina fue que una élite dominante construyó el país a su imagen y semejanza. Esa élite que en lo político tuvo en su raíz una matriz oligárquica y autoritaria, apostó siempre a un modelo rentístico y especulador. Que además no terminó de aceptar el voto obligatorio en 1912.
Eso explica por qué esa elite dominante nunca pudo formar un partido de derecha, que hubiera sido por otra parte, una necesidad democrática para esos sectores, que, por el contrario, para mantener sus privilegios conservadores, auspiciaron los golpes de Estado que tanto lamentaríamos más tarde. Eso supuso un impedimento para el desarrollo económico y social. Por otra parte ese grupo dominante tuvo un carácter marcadamente dependiente de los centros de poder del exterior. Primero Gran Bretaña, y luego en las últimas décadas de EE.UU. Así fue que esta circunstancia fue continuada en el tiempo y en sucesivas etapas el neoliberalismo a través de las élites dominantes repitieron las marcas dejadas por la matriz oligárquica.
Pero esta vez no lo hicieron ni a través de un golpe de Estado ni con la formación de un partido propio, sino que lo hicieron mediante la cooptación de un peronismo ya decadente, como el menemismo. Y utilizaron al Estado como un botín privado ya que bajo el mando de la legitimidad de la institucionalidad democrática, que les daba el triunfo de las urnas, se entregó y endeudó al país hasta límites inconfesables. Pero aquí hubo un componente social que no podemos soslayar. Porque tanto el golpe del 76, como la década del menemismo no se hubiesen podido llevar a cabo sin la complacencia de vastos sectores de la sociedad, especialmente la clase “media”.
Ella también fue responsable, y habló de responsabilidad y no culpabilidad, que son los que tienen el ejercicio del poder, de haber aceptado “mansamente” el discurso oficial de la convertibilidad y todas las políticas de entrega sistemática de las riquezas del país.
Por eso la clase media fue reproductora de una ideología que finalmente iba a demostrarse como destructora del aparato productivo de la Argentina. Tanto es así, que se vuelva a equivocar al querer cambiar el modelo de 1999 con el voto hacia la Alianza que con De La Rúa y Cavallo no hizo más que profundizar la crisis que estalló en el 2001.
Eso fue el epílogo de la “restauración conservadora” del capitalismo en la Argentina, que dejó a la Argentina como una República desbastada, con una brecha entre ricos y pobres aumentada casi cuarenta veces, con una deuda externa impagable, y con una exclusión social que ahora se transforma en el principal problema para cualquier gobierno que le toque gobernar. Sin dejar de reconocer que, en el actual período, no se supieron aprovechar las magnificas oportunidades que brindó el mercado internacional para recuperación de grandes grupos económicos, financieros, llámense bancos, y un gobierno que si bien llenó las arcas del Banco Central con divisas nunca visto, fue totalmente ineficaz a la hora de la distribución de la riqueza como desarrollo productivo.
También, no me quiero olvidar del triste papel de las “izquierdas” que se fueron estructurando al compás de lo que sucedía en el exterior, con una impronta en el pensamiento dejada por los inmigrantes sin tener en cuenta que las realidades locales eran distintas.
Dejaremos de lado las izquierdas relacionados con los procesos revolucionarios envueltos en sus propias contradicciones que no hicieron más que proporcionarles a los “salvadores” de la Patria el pretexto para la “usurpación” del poder e instalar entonces las políticas depredadoras emanadas del consenso de Washington. Así se perdió la oportunidad de realizar una “revolución burguesa con un capitalismo autóctono”.
Fue cuando los deseos imaginarios de una república socialista estaban sobreimpresos ideológicamente. La lucha de poderes que existe actualmente es entre partidos que no se han actualizado doctrinariamente y una burguesía que intenta infiltrarse en los partidos tradicionales para poder operar a favor de la restitución de sus privilegios.
La Historia da nombres propios, pero siempre estará signada por la lucha entre los dominantes y los dominados, entre opresores y oprimidos, entre el cartel como instrumento de desarrollo, o el capital como elemento de explotación. El pasado sirve como enseñanza para no repetirlo.
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