07/10/2011

MARCHAS PIQUETERAS O TROSKISMO POSMODERNO

Marchas piqueteras o troskismo posmoderno

Luego de la desarticulación social que produjo la implosión de la crisis del 200l y 2002, el estado asambleario casi permanente de los estamentos marginales de la sociedad se convirtió en un icono del paisaje de las principales ciudades del país. Esto fue disminuyendo a medida que el Gobierno iba incorporando a través de planes sociales y de desarrollo de la economía a cierta proporción de esas tribus urbanas que no dejaban de manifestar su insatisfacción.

 

Es que esa misma fractura y desarticulación social de la crisis económica y la aplicación de leyes laborales injustas favorecieron el subempleo y las precarización laboral a través del trabajo en "negro", lo que volvió a poner de manifiesto el debilitamiento de la corporación sindical que abandono muchas veces esos "focos" de protesta social librados a su suerte. casi se podrían decir en tono de melancolía que "...huelgas eran las de antes", cuando poderosos sindicatos afectaban a la producción y a los intereses de los grandes capitales o en última instancia, al mismo Gobierno de turno. Estos episodios que vive la Capital, y que se reproducen a todo el país por los medios de comunicación, no ponen en jaque ni a la economía, ni al Gobierno, ni a nada. Hoy la protesta asume una "tecnología" propia de los tiempos que corren: o sea que busca la espectacularidad, y el lente de las cámaras de TV que multiplicará esa imagen a nivel masivo e impactará las retinas del Big Brother que es el resto del país como masa social espectadora.

 

Frente a la abulia social generalizada, están quienes jamás se rendirán ante esa difundida especie del triunfo del "capitalismo tardío", el fin de la Historia de Fukuyama y otras pavadas semejantes. Las fracciones de la izquierda vernácula revolucionaria consideran que el momento del colapso del sistema global estará más cercano si ellos contribuyen a crear "focos" de tensión social. Además estas facciones suman al diagnóstico de esta situación "prerrevolucionaria" que la conducción de esa "redención social" les pertenece debido a que las burocracias sindicales se han vuelto corruptas e incompetentes. Lo que no tiene en cuenta estos sectores, es que el Gran Relato revolucionario, que es el activismo y la radicalización de la protesta, debe contar con obreros de "verdad". Como lo eran antes los de SMATA, o la UOM, o SITRAC SITRAN que hoy tiene sus padrones raleados por la desaparición física por la dictadura y por el tiempo inexorable que no supieron reponer esos "cuadros" militantes inteligentes y bien formados.

 

Hoy los sindicalistas tiene en sus cabeza a "exitosos" empresarios que cambiaron el" overol" por trajes Armani, y el viejo Citroën por una 4x4 con chofer y porque no, guardaespaldas.

 

Volviendo a lo anterior con respecto a la protesta social, la cuestión no pasa por paralizar el proceso productivo, sino por buscar impacto mediático, lindando con el hedonismo narcisista propio del invidualismo capitalista. Pero hay algo concreto en un mar de inacción y desarticulación social, hay islas de activismo activo con repercusión social y económica. La de aquellos trabajadores que siendo pocos, pueden tener con su huelga un impacto mayor. Aquellos que cumplen una tarea clave e irremplazable, por ejemplo los controladores aéreos, los maquinistas del Ferrocarril, los telefónicos etc. O el poderoso gremio de los "camioneros" que a lo largo y a lo ancho pueden hacer colapsar la economía de un país, como lo hicieron con Salvador Allende en Chile.

Marchas piqueteras o troskismo posmoderno

 

Luego han aparecido ahora los "especímenes" de los activistas de los planes sociales. A ellos no se los puede echar de sus trabajos pues no lo tienen. O sea que "Su" trabajo es la protesta para evitar el conflicto social, el Gobierno acude a los Planes Trabajar, que se transforman en un subsidio para impedir que "trabajen" protestando.

 

Estos activistas no tienen nada que perder y son expertos en la "tecnología del desorden en tiempos mediáticos. Todas las usinas del "activismo" despiertan la inspiración de los supuestos "revolucionarios" que de la nada irrumpen y piden la unificación de la protesta para obtener una "masa crítica" social que supuestamente redundara en mayores beneficios.

 

Este "neo-foquismo" no pasa por armar un grupo de resistencia y combate en una zona campesina potencialmente revolucionaria. Este "neo-foquismo" (por eso lo de neo) porque en su anemia revolucionaria y organizativa la militancia activa solo pretende el "foco" de los medios de comunicación. Algunos más comprometidos con la política pretenden provocar la violencia estatal de la represión, lo que haría caer la máscara democrática de la protesta, descubriendo su rostro fascista. Es muy difícil que el gobierno caiga en la trampa de la "provocación" de la protesta social y victimización de la misma por la represión como elemento disuasorio.

 

El enfado de los ocasionales ciudadanos por los efectos colaterales, será siempre un precio mucho menor a ejercitar el poder del Estado para desarticular dicha protesta. A pasar de que a veces electos constitutivos de sus propias fuerza, pero cooptadas por una ideología contraria, como la Policía, pueden conspirar para el desmadre de dicha protesta.

 

Todos estos conflictos deben ser tenidos en cuenta, para ponerlos en el "debe" del gobierno para recomponer el tejido social en base a justa distribución no solo de la riqueza sino de la transformación de esas "pymes" de la protesta, en pymes de producción. Es la mejor manera de asegurarse la tan deseada gobernabilidad teniendo en cuenta la inestabilidad global en la cual vamos estar involucrados por la crisis recurrente del capitalismo estructural que ya comenzamos a percibir.


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