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07/06/2011
LA PLUMA Y LA PALABRA EN EL SIGLO XXI

Mariano Moreno
Es tradición que en la Argentina el día 7 de Junio se conmemore el Día del Periodista en homenaje a Mariano Moreno, asesinado en alta mar por la burguesía de Bs. As., temerosa de que el germen del gran revolucionario pudiera expandirse como expresión libertaria. Las cosas han cambiado en dos siglos de existencia de nuestra patria. El periodismo también. Lo que no ha cambiado es simplemente lo común a todas las sociedades del mundo que es la lucha de los oprimidos contra los poderes opresores.
Ya en el siglo XX los cambios en las relaciones de poder, la irrupción de las nuevas tecnologías y los procesos de reconversión productivas, amparados bajo la hegemonía liberal, han aumentado las desigualdades sociales. Y en esta desigual batalla, debemos ubicar un debate que no tiene nada de virtual, porque se trata de la perspectiva con que los trabajadores de prensa, abordamos algo que forma parte de los derechos esenciales en la nueva distribución de poder: las comunicaciones. Y estamos hablando de un poder económico tangible, que es la colosal suma de dinero que se mueve diariamente en el mundo, y de un poder más sutil, pero no menos decisivo: la Opinión publica, la generación de ideas, la difusión u ocultamiento de la información, la propiedad misma de la información, la imagen que los medios construyen de la sociedad y del mundo.
En nuestro país, en forma simultánea a la recuperación de los derechos democráticos y las libertades políticas que la dictadura militar había arrasado entre 1976 y 1983, la sociedad asistió a la pérdida de derechos laborales históricos, a la descomposición de las estructuras sociales que caracterizaron a la Argentina, así como la retirada del estado como participación activa en la vida social y económica del país por efecto de las ignominiosas privatizaciones a precio vil. Pero todo esto no se hizo a punta de bayoneta sino bajo un "amparo social y político" que tuvo en los Medios de Comunicación un punto clave de articulación y complicidad.
La construcción de ese consenso mediático alrededor de algunos paradigmas del neoliberalismo fue posible, en la medida que los gobiernos de turno y especialmente el menemismo, emplearon el poder político para instrumentar la distribución de negocios, en el área de las comunicaciones y medios periodísticos.
Desde entonces la información se transformó una "mercancía", y los "mercaderes" de turno fueron empleados de las corporaciones con el fin de "domesticar" a la sociedad para producir lo que decía el genial francés Jean Baudrillard (recientemente fallecido) como el "asesinato de la realidad"... O sea que la intoxicación permanente de imágenes e información que domina la vida cotidiana, ha cambiado de tal manera la relación entre el hombre y su entorno que la existencia de lo real, depende más del impacto emocional de la información que de su raciocinio. O sea que vivimos en un mundo en que lamas elevada función del signo es hacer desaparecer "esa realidad" y al mismo tiempo enmascarar esa desaparición.
En un mundo globalizado, la dictadura de los mercados ha transformado a los consumidores de información en rehenes de la oferta y la dominación de la mayor parte de esa oferta hace que el discurso sea casi único referente de la realidad. Por eso la "comunicación" periodística se ha convertido en una aventura empresarial, regida por la curva de de ganancias y de poder político antes que por su carácter testimonial o de servicio.
Por eso es que hasta etapa de nuestra historia, poder mediático y poder político son dos caras de la misma moneda.

Mariano Grondona - Bernardo Neustadt
En nuestro país por fin se va descubriendo ese galimatías que hablaba de la famosa "libertad de prensa", cuando en realidad lo que se encubría era la "libertad de empresa", que habiendo acumulado un gran porcentaje de medios de comunicación, diseminaban a través de aparentes y diferentes medios de comunicación un discurso "único" que se mostraba como verdad revelada. Para que eso fuera posible era necesario que existiera el último eslabón de la cadena, los periodistas, que fueron cooptados por el pool corporativo y que "sudando" la camiseta de los patrones, son funcionales a ese poder mediático para después volver al "amo" a reclamar el "hueso" de la recompensa (caso Neustadt y Grondona). No nos asombremos, sabemos que en el país todo existe cierta tribu de periodistas honestos, independientes, que gastan su tiempo hablando de su presunta honestidad e independencia en salones elegantes, ante gente elegante y paquetas como ellos. Periodistas esteparios, en fin, que contrabandean ideología metidos en la piel de una objetividad fingida y que con desesperación buscan un sitio en el escenario vulgar de la "respetabilidad" y el éxito social.
Les cuesta comprender que la política y el periodismo no son profesiones bastardas a las que una persona se abandona a cambio de un estipendio falto de moral. Que la política y el periodismo deben tener en común el apego a lo que nos suene justo, equitativo, igualitario y porque no, libertario.
Debemos preguntarnos como periodistas, ¿qué es lo que quiere la gente de nosotros? ¿Que seamos objetivos? ¿Cuál es la objetividad? ¿Lo que creemos que es verdad? ¿O nuestra interpretación de los hechos desde una presunta neutralidad? ¿Es eso posible cuando se tiene una ideología? Todos tenemos una. Lo incorrecto es cuando enfocamos toda nuestra óptica a través de esa ideología.
¿Hay que ser crítico o simplemente informar? Ser crítico puede ser para apoyar o denostar. ¿O debemos analizar todos los hechos sin profundizar en los mismos? Qué difícil es conformar a propios y extraños. Lo que no será nunca difícil es ser sinceros con nosotros mismos.
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