01/05/2010

LAS PENAS SON DE NOSOTROS, LAS TIERRAS SON AJENAS

La propuesta  que mando la Presidenta sobre los límites a la venta de tierras a los extranjeros, representa una cuestión vital y estratégica teniendo en cuenta que la tierra no es un recurso renovable. Este proyecto de Ley durmió durante años el sueño de los "inocentes" en el Congreso.

 

Es lógico que se quiera proteger lo que representa un patrimonio de una Nación. Es que no hay Estado posible si antes no está garantizada la presencia física de una Nación. El Estado es el "objeto" sobre el cual se desarrolla, bien o mal una Nación. En la Argentina, en los comienzos de su organización como país, la matriz de la propiedad de la tierra estuvo cruzada de iniquidades.

 

La apropiación y distribución maliciosa de grandes extensiones de tierra, comenzó con el genocidio indígena de la "Conquista" del Desierto a través de la "civilización" del Remington (fusil a repetición). Cuando Roca termina su indigna labor contra los pueblos del centro y sur del país, se reparten nada menos que 4l millones de hectáreas a l843 familias de terratenientes. Al que fuera luego Presidente de la Sociedad Rural, José María Martínez de Hoz, se le entregaron nada menos que 2.500.000 de has. Vendría a ser el bisabuelo del Ministro de Economía  de la "dictadura". A todos los miembros de la Sociedad Rural de entonces el binomio Avellaneda-Roca les otorgó los otros millones de hectáreas restantes. Y de allí surgieron los apellidos de la famosa oligarquía argentina, del Barrio Norte y la Recoleta. Los Pereyra Iraola, los Alzaga Unzué, los Anchorena, los Leloir, los Temperley, Casares, Lavallol, etc.

 

Pero ahora han surgido otros terratenientes, que ya no tienen ese origen de hacendados. Son los nuevos ricos emergentes del nuevo capitalismo mundial, que emigran con sus capitales en busca de tierras productivas (para ellos), y se aprovecharon de la connivencia de gobiernos genuflexos y de "cuentas bancarias rápidas".

 

Estudios recientes de la Federación Agraria, arrojan que el l0% del territorio nacional, se encuentra en manos extranjeras. Hasta septiembre de 2006, cuarenta millones y medio de hectáreas de las mejores tierras cultivables estaban en condiciones de ser vendidas a inversores locales o extranjeros. De ese total casi 24 millones de hectáreas fueron ya vendidas a grupos transnacionales; mientras que los otros l6 millones estaban hipotecados en la banca pública sobre todo en el Banco Nación y el Banco de la Pcia. de Bs As. Recuerdan cuando el Banco Mundial, en el menemismo, hacia lobby para privatizar el Banco Nación?

 

Bueno. Era para quedarse con las tierras más fértiles de pequeños y medianos productores que habían sido sometidos por las políticas entreguistas del menemismo y de la Alianza. Se llegó al colmo que inversores extranjeros compraran tierras en el sur al valor de una hamburguesa por hectárea! Y aunque usted no lo crea estimado vecino, el mayor terrateniente actual de la Argentina no es argentino. Es Luciano Benetton, cuya familia posee la friolera de 900.000 hectáreas en la Patagonia. Pero hay otros nombres rutilantes, como el de Ted Turner, que es el mayor terrateniente de EEUU, y fundador de la CNN, que se apoderó de tierras en el sur cordillerano con lagos fronterizos con Chile, cosa que está prohibida. O el multimillonario norteamericano Douglas Tomkins, que quiso comprar la reserva de los Esteros de Iberá. Hablar de tierras en nuestro país es hablar de recursos naturales, muchos de ellos no renovables como la plata y el oro.

 

En el NO argentino se han instalado las mayores empresas mineras del mundo para extraer de las canteras los metales preciosos. Pero sin respetar las reglas internacionales de extracción lo que constituye un verdadero peligro de contaminación de las aguas, del aire y la tierra. Es que esos gobiernos provinciales tienen acuerdos altamente sospechosos con esas mineras que pagan un canon irrisorio por las fortunas que extraen y se llevan.

 

Lo verdaderamente escandaloso es que un número cada vez mayor de extranjeros es dueño de tierras de fronteras y costas. Se aprovechan de un vacío legal que esta nueva ley pretende cubrir. Por ejemplo: durante el menemismo  los extranjeros habían adquirido l.773.000 hectáreas en zonas de " seguridad estratégica". Por ejemplo; la empresa norteamericana GNC SRL es dueñas de unas 600.000 hectáreas en zonas de seguridad. Nieves de Mendoza de capitales Ingleses adquirió l45.000 hectáreas  en zona fronteriza. El Consorcio chileno Alto Paraná es dueño de 6l.000 hectáreas en zona de seguridad. Hay que aclarar que las "zonas de seguridad" son las comprendidas desde el límite fronterizo hasta l50Km. El grupo de EEUU AIG posee junto a la finca Jaimaná en Salta, un millón y medio de hectáreas.

 

Debo decir que en la Cámara de Diputados y Senadores hubo "durmiendo" la siesta 38 proyectos de Ley para reglamentar esas circunstancias. No habría que demandar a los legisladores que no sé por qué razones miraron "para arriba" y no tratar en las comisiones específicas este tema? Pero la historia no termina ahí. El proceso de "extranjerización" de la tierra se completó con el "boom" sojero. Los 936  terratenientes de la soja más poderosos tienen la friolera de 35.5l5.000 hectáreas y en el otro extremo de nuestro "campo" sufrido, l37.02l productores poseen solamente 2.200.000 hectáreas y que además tienen que venderle a los grandes grupos la producción porque no tienen capacidad exportadora.

 

En la provincia de Misiones pronto se hablará con acento chileno. La empresa Alto Paraná, ahora en manos del grupo chileno Arauca (que supo tener una AFJP, Arauca Bit) recuerdan? Sobre un total de 3.000.000 de hectáreas que posee el territorio misionero, 300.000 hectáreas son del grupo. Lo interesante de Alto Paraná, es que fue consecuencia de la  asociación de varias firmas del sector. Una parte la manejaba Celulosa Argentina, una de las empresas que utilizaron fondos de los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial, la otra parte la manejaba Amin Massuh, sirio de nacimiento, hasta el "bueno de Manu Ginobili, compró por cinco millones de dólares, que los había ganado en buena ley con el básquet, tierras que pertenecían a tribus de aborígenes descendientes de pueblos originarios. Lo que sucedió es que a Ginobili los intermediarios no le dijeron de  esos habitantes. Y el con gran sentido de la ética deshizo la operación.

 

La historia de las irregularidades en las ventas y transacciones de tierras exceden este espacio, por lo que en otra oportunidad relataré  nuevas verdades interesantes.

 

La cuestión fundamental que propicio este artículo es que los juristas que intervinieron en la nueva ley de extranjerización de la tierra, quedaran contemplados todos los tipos de propiedad, incluidos los pueblos originarios y las propiedades cooperativas. Dice el aforismo, "más vale tarde que nunca".

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